Soy hijo amado
“Este es mi Hijo amado; estoy muy complacido con él.”
Leer devocional
Antes de que Jesús hiciera milagros, predicara a las multitudes o cumpliera su misión en la cruz, el Padre habló sobre su identidad.
Jesús no comenzó su ministerio intentando ganarse el amor del Padre. Comenzó sabiendo que era amado.
Muchas veces vivimos de otra manera. Tratamos de demostrar que valemos, que somos capaces, que merecemos ser aceptados. Buscamos aprobación en el trabajo, en los logros, en el ministerio, en la imagen o en lo que otros piensan de nosotros.
Pero Dios no nos ama por lo que hacemos. Nos ama porque somos sus hijos.
Tal vez creciste escuchando palabras que te hicieron sentir insuficiente: “No servís”, “nunca alcanzás”, “decepcionás”. Pero la voz de Dios es más poderosa que cualquier voz que haya querido definirte.
Hoy el Padre te recuerda: no sos solamente lo que lograste, lo que fallaste o lo que otros dijeron de vos. En Cristo, sos un hijo amado.
Para meditar
¿Qué voz está teniendo más peso en tu corazón: la voz de la crítica o la voz del Padre?
Práctica del día
Escribí tres frases que necesitás recordar sobre tu identidad en Dios. Por ejemplo: soy hijo amado de Dios; mi valor no depende de mi rendimiento; Dios no se aleja de mí cuando fallo. Leelas en voz alta durante el día.
Oración
Padre, gracias porque tu amor no depende de mis logros. Sana las palabras que dañaron mi identidad y enseñame a vivir como un hijo amado. Amén.